Los Valles Pasiegos, Paisaje cultural

No es casualidad que nuestra empresa tenga un fuerte arraigo a la tierra que nos vio nacer. Tampoco lo es el hecho de que sólo aquí se prodiguen los obradores concebidos para la elaboración de los dos dulces más característicos de la repostería artesana de Cantabria: sobaos pasiegos y quesadas.

Toda la historia de ocupación humana del territorio pasiego, (casi cinco siglos, desde que los primeros pastores enviados a este lado de la cordillera por los eclesiásticos de Oña hicieran ocupación estable de las cabeceras de los valles pasiegos de Cantabria), ha estado ligada a una economía pastoril de producción lechera en régimen y manejo de aprovechamiento intensivo de pastos.

La tradición pasiega ligada a la vaca como tótem del territorio, y a la manipulación de leche, como materia prima esencial del secular modelo económico, es legendaria. Aquí se concitaron las primeras queserías de la región. Mucho antes de que las primeras instalaciones fabriles de la región alcanzaran su apogeo, los pasiegos gozaban ya de prestigio por su consumada maestría en la elaboración de quesos y mantequillas. Fueron también los pasiegos heladeros y barquilleros. La tradición fabril ligada a la leche tuvo referentes excepcionales en la comarca desde finales del siglo XIX, precisamente como una cuestión de ubicación estratégica por parte de grandes empresas vinculadas al sector, como El Buen pastor o Nestlé.

Los Sobaos pasiegos y Quesadas son los últimos productos herederos de esa dilatada tradición ligada a los derivados lácteos que se incorpora al mercado y a la comercialización regional.

De toda la trayectoria de uso y aprovechamiento humano del espacio agrario para producir leche y trabajar sus derivados surge un paisaje excepcional, al que nos sentimos, por nuestro trabajo, íntimamente ligados. Es el nuestro un paisaje cultural, en tanto es el resultado, aún vivo y activo, de la acción del hombre sobre un espacio natural. Nuestro paisaje de laderas regulares modeladas a la medida de las necesidades de manejo ganadero, con fincas ocupando todo el espacio disponible, el prado como elemento básico del paisaje, los muros de piedra seca tallando un dibujo de orfebre en las linderas, las miles de cabañas de aseladero repartidas aquí o allá como unidad básica del hábitat, y el bosque original constreñido a las vaguadas más húmedas, a las divisorias entre fincas o a las zonas de pendiente más inaccesibles.

 

En los siguientes enlaces encontrará las principales Guías de Turismo de los Valles Pasiegos (en versión PDF)